*Módulo ilustrativo. Las reseñas mostradas representan experiencias del buyer persona de familias con niños que presentan rechazo alimentario.
Mi hijo comía casi siempre lo mismo: fideos, pan o papas. Yo ya estaba cansada de insistir y terminar peleando. Lo que más me sirvió fue entender que no tenía que obligarlo, sino bajar la presión. No empezó a comer de todo, pero dejó de cerrarse altiro y eso para mí ya fue un alivio enorme.
Yo había probado recetas de Instagram, esconder verduras y hasta preparar otro menú para evitar dramas. Nada se mantenía. Con este plan por fin entendí qué hacer cuando decía ‘no quiero’, sin improvisar ni terminar rogando por una cucharada.
Lo que más cambió fue el ambiente en la mesa. Antes yo ya llegaba tensa antes de servir, porque sabía que venía el rechazo. Ahora tengo pasos más claros y no siento que cada comida sea una pelea. Mi hijo sigue teniendo días difíciles, pero yo sé mejor cómo actuar.
Más de una vez terminé botando comida casi intacta y sintiéndome pésimo. Este plan me ayudó a mirar esos rechazos de otra forma y a partir desde lo que mi hijo sí aceptaba. Me dio orden, que era justo lo que me faltaba.
En mi casa la cena empezaba antes de cocinar, porque yo ya venía pensando qué podía salir mal. Lo que más me gustó fue que no me prometió magia, sino pasos simples para bajar la presión. Eso hizo que la hora de comer se sintiera menos pesada.
